Un punto en un mapa, una superficie rayada, una línea que rompe el territorio. En cada símbolo, una historia. Cada icono de los mapas de Infoamazonia indica que algo ocurre en la selva. El proyecto que comenzó para medir la deforestación en la Amazonía se ha convertido en el mapa que explica lo que ocurre en el bosque. Ahora, pretende ampliar su influencia y ofrecer servicios de información instantánea a los habitantes de la Amazonía.

[iframe_loader src=”http://infoamazonia.org/es/embed/?map_id=3509&width=960&height=480″%5D

Anuncios

Un refugio

Hoy empezamos una vida. Lo hacemos casi a modo de refugio, de resistencia. Miramos a nuestro alrededor y nos alegramos de tenernos, al menos, a nosotros. Sí, es un refugio, es resistencia. Ella ya no tiene tarjeta sanitaria. Trabaja pero no cotiza, no es de las buenas, no es de los vuestros. Nos reímos y nos miramos y eso no lo podéis parar. Nos exiliaréis o nos exportaréis, pero mantendremos nuestro refugio, ese que no podéis quitarnos. Sí, tenemos un refugio y, mal que os pese, nos cuidamos a pesar de vosotros. Vendrán amigos, aquellos a los que todavía no habéis echado, alguna es médico, otra profe e, incluso, inmigrantes, sí de esos que no os gustan, de los que tienen papelito y de los que no lo tienen. El resto están fuera, buscando su refugio. ¿Vosotros? No, vuestras corruptelas y miserias no entran aquí, no nos da la gana. Hoy empezamos una vida a modo de resistencia.

Conocí a Antonio Lucena hace tres o cuatro años, mientras preparaba un reportaje sobre el movimiento de transición. Le entrevisté por teléfono para que me hablara sobre el Cantero de Letur, una quesería ecológica. Me documenté sobre la quesería y cómo habían incorporado las energías renovables al proceso de producción. En aquel momento, Lucena era para mí simplemente un representante de esta quesería que me diría que le parecía coherente instalar “estos aparatitos (placas solares)” en una empresa de productos ecológicos. Obviamente, y sin despreciar al Cantero de Letur, la historia de Antonio es mucho más interesante que la integración de energías limpias en una quesería.

Antonio Lucena / Fotografía de Pablo Barroso

Antonio Lucena / Fotografía de Pablo Barroso

Antonio Lucena es un revolucionario. “El capitalismo nos está hundiendo” dice, pero siempre sonríe, camina tranquilo y vive feliz. Te pregunta cómo estás y, si le respondes que bien, suelta un “olé”. Antonio es un revolucionario y no lo es por su trayectoria o por su historia en los movimientos sociales en España. Es un revolucionario porque, con 79 años y un cáncer, sigue creyendo y haciendo la revolución. “No le tengo mucho miedo al cáncer, tengo más miedo al dolor que a la propia enfermedad” afirma. Pero a Antonio le fastidia más la energía que le quita: “Lo que si me molesta mucho es que veo que baja mi capacidad de trabajo en picado”. Por eso se ha apuntado como voluntario en una tienda de Intermón Oxfam. “Ahora me cuesta mucho ponerme a escribir o trabajar, así que la tienda es perfecta para ocupar el tiempo, es cómodo porque está cerca de casa y ayudamos a una serie de productores del tercer mundo para que puedan vivir de manera digna”.

Lucena nació en Canarias pero se mudó a Madrid para iniciar sus estudios universitarios. “Cuando vine a Madrid tuve la suerte de encontrarme con algún pariente, no eran de extrema izquierda, si no racionalistas y liberales, pero supuso una contradicción muy grande con lo que había vivido hasta entonces” señala. Recuerda la universidad como un lugar muy facha en el que los únicos que tenían alguna opinión eran los falangistas. Recuerda con una sonrisa cómo se popularizó en la escuela de Minas la frase “Lucena se opone”.

Una buena equivocación

“Me metí en el Movimiento Comunista por equivocación” afirma Antonio para explicarlo rápidamente a continuación. Había leído a Trotsky y decidió buscar un partido trotskista donde desarrollar sus ideas en la práctica. “Yo no era libre de sospecha por mis antecedentes familiares (su padre era militar) y por mí mismo, entonces no había ningún ingeniero de minas en un partido comunista” afirma y continúa: “Más tarde me di cuenta de que el MC no era trotskista y que me había equivocado, pero me había costado tanto entrar que no quise repetir el proceso en otro sitio”.

Antonio Lucena con Lola Ferrero / Foto de Pablo Barroso

Antonio Lucena con Lola Ferrero / Foto de Pablo Barroso

Lola Ferrero, su mujer, recuerda las miradas de los otros compañeros en las primeras reuniones en su casa. “En aquella época estaba prohibido reunirse y nos juntábamos en casa, donde tenemos un montón de cuadros antiguos con imágenes de santos y, claro, te puedes imaginar las caras. Luego se dieron cuenta de que tener imágenes de santos no significaba creer en ellos”.

De todas formas, a Antonio le importaba poco que el MC no fuera trotskista. “Eso son decisiones secundarias que habrá que dejar para más adelante, ahora hay que centrarse en vencer al enemigo que es el capitalismo”.

La No-Violencia y el ecologismo

De la mano de Lola entró en el Movimiento No-Violento de Madrid. “Lola estaba en Mujeres por la Paz y un día le dieron una charla los del Movimiento No-Violento. Al volver a casa me dijo que ese era mi sitio y me dije: ‘bueno pues voy, siempre hay tiempo para perder’. Hace poco me pidieron dar una charla sobre no sé qué y comencé hablando sobre el Movimiento No-Violento y acabé llorando”.

Antonio Lucena en un taller del 15M sobre fracking

Antonio Lucena en un taller del 15M sobre fracking

 

Para Antonio el Movimiento No-Violento supuso una liberación porque, aunque siempre se ha sentido muy revolucionario, ha llevado muy mal la violencia. “En el Movimiento No-Violento me enseñaron que no existía tal contradicción, que se puede hacer una revolución muy bien hecha siendo no violento”.

Tras las primeras elecciones democráticas en España, Antonio vivió con tristeza el descalabro de los partidos de la izquierda revolucionaria. Se preguntó entonces qué más podía hacer y se dijo: “pues me voy a meter en un movimiento”. Tras pensar en meterse el movimiento feminista, se dio cuenta de que “saber distinguir Kilowatio de kilowatio/hora era más eficiente en el movimiento ecologista que en el feminista”. Desde entonces, Antonio se ha implicado en la lucha contra las nucleares y, actualmente, contra el fracking.

 

 

El futuro

“Seguiré siendo comunista mientras haya dos situaciones que son esenciales: la lucha de clase y la plusvalía”. Antonio afirma que el hecho de que el capitalismo se alimente del robo hace que haya que buscar una salida. “Hablar de comunismo es muy difícil porque la experiencia de lo que se ha llamado el comunismo es muy negativa”. Cree que hay que revitalizar y clarificar los términos para que no se tergiverse el verdadero sentido.

“El capitalismo es un cadáver que nos está comiendo por dentro y hay que acabar con él” afirma Antonio y cree que hay que plantear acciones para equilibrar las fuerzas: “es fundamental el medio ambiente, para salvar a las personas y para salvarlo todo. “Estamos a disposición de una docena de señores que quieren hacerse con todo, hasta el punto de que en este momento no les basta con tener todo, además quieren que todos tengamos menos, porque es la diferencia lo que de verdad les marca y les tira hacia adelante”.

Preguntado por su utopía, Antonio no duda: “Mi utopía sería una medicina de primer grado al alcance todos y unas necesidades satisfechas elementalísimas: hay lo que hay y hay que repartirlo”.

Esta tarde a las 19:00 horas se celebra un homenaje a Antonio Lucena en La Casa Encendida de Madrid.

Las declaraciones de Antonio Lucena y de Lola Ferrero son fruto de una entrevista que realicé con José Vicente Barcia hace dos semanas. 

Mientras Merkel venía de visita, mirábamos los vaivenes de la prima de riesgo y discutíamos a propósito de la ubicación de Eurovegas, ingresaban a Ángel Vadillo en el hospital. Vino caminando desde su pueblo, Alburquerque (Extremadura), hasta la puerta del Ministerio de Industria para protestar por la paralización de cinco proyectos de termosolares en su pueblo como consecuencia de la aplicación del Real Decreto 1/2012. Pedía una reunión con el ministro Soria y la apertura de una mesa de diálogo para debatir acerca del futuro de las renovables. Al ver rechazada su petición, comenzó una huelga de hambre de la que hoy se cumplen 90 días. Ángel Vadillo es alcalde de un pueblo con más del 40% de su población en paro.

 

Ángel Vadillo en la asamblea donde le pedían que dejara la huelga de hambre

 

Un político no debería medirse por sus palabras, si no por el reflejo de sus actos. En este caso, sus acciones se miden por el respeto y la admiración de sus vecinos. La semana pasada tuve la suerte de visitar Alburquerque en compañía de dos buenos amigos, Laura y Barcia, y comprobar el aprecio que tienen en el pueblo por su alcalde y por lo que está haciendo.

“A ver, apoyarle, le apoyo, pero que lo deje ya, que le necesitamos vivo”, nos decía una vecina al preguntarle por la huelga de hambre. Era el sentir de la mayoría del pueblo: respeto y admiración, pero preocupación por su estado de salud. Todos los días desde hace 90, un grupo de vecinos se reúne en el Ayuntamiento para conocer las últimas novedades sobre el estado de salud de su alcalde. “Cada vez está más debilucho, ya son muchos días”, gritaba ante unas 100 personas la encargada de dar el parte. “Nos han sacado en el Herald Tribune, nos han llamado de un periódico de Chile y también de Alemania, pero aquí nada, seguimos sin salir”, afirmaba ante los abucheos del gentío.

Conocí a Ángel Vadillo el día de su cumpleaños, llevaba 64 días en huelga de hambre y estaba a punto de reunirse con varias organizaciones sociales que le iban a pedir que abandonase la huelga. Vadillo me habló de cómo el desempleo se cebaba en Alburquerque, de cómo las plantas termosolares atraerían inversión y crearían puestos de trabajo. También me dijo que nos quedábamos sin tiempo, que las renovables son el futuro y la solución a los problemas ambientales. Lo último que me dijo Ángel Vadillo era que estas plantas permitirían mantener los servicios sociales del pueblo, que se centraban en otorgar cuidados a niños, ancianos y discapacitados. Esto último me lo creí a medias, con la desconfianza propia del que ha escuchado demasiada demagogia.

La política se ha convertido en una mentira, en la que la simple realidad resulta ser un enemigo o una excusa. Al conocer Alburquerque mi desconfianza se convirtió en vergüenza propia. Los servicios sociales se sustentan en el sentimiento de comunidad, de pertenencia a un lugar. “Aquí nadie pasa hambre, hay mucho paro, pero la gente se apoya y se ayuda”, nos contaba Ángela, tras enseñarnos una sinagoga.  Los ancianos se reúnen en corro al atardecer en la puerta de la residencia pública. “Que no nos la quiten, que no se tengan que ir a Madrid o Barcelona, lejos de sus familias”, pedía una cuidadora. Un poco más abajo, en una calle cercana, los niños corren, juegan o montan en bici mientras los padres les miran desde las mesas del patio del Centro Especial de la Infancia, cuyo uso es totalmente gratuito.

El pasado de Vadillo no es el del perfecto ecologista, ni tampoco se puede decir que su reivindicación actual esté arraigada en profundas convicciones ambientales. ¿Qué más da? Vadillo no llegó a las renovables por una cuestión ambiental, si no como una solución al grave problema social que tenía en su pueblo. En estos últimos meses, ha ido ampliando su discurso y ha pasado de entender las renovables como una fuente de empleo a verlas como una solución de futuro.

No es la marcha desde Alburquerque, ni la huelga de hambre, ni siquiera unas ideas a favor de las renovables que nacieron de lo social para abrazar lo ambiental. Lo que me devuelve la confianza en la política es la mirada desde lejos, de Alburquerque a la Castellana, de un pueblo que se siente representado y defendido en un alcalde.

 

Eran las ocho y media de la tarde y la asamblea convocada en el parque Bomberos de Las Rozas una hora antes estaba llegando a su fin. No había mucho tiempo para el debate. El incendio declarado hoy en Robledo de Chavela hacía necesario que los bomberos tomaran una decisión sobre si paralizaban temporalmente el conflicto con la Comunidad de Madrid. Me atiende Pedro Campos, portavoz de Comisiones Obreras Bomberos de la Comunidad de Madrid, en la puerta del parque mientras el resto de la asamblea comienza a disolverse.

 

Pedro Campos (derecha) junto con un compañero después de que la asamblea de bomberos acuerde un paréntesis en el conflicto con la Comunidad de Madrid

¿Cuál es la situación  de los bomberos en estos momentos?

Tenemos un conflicto abierto desde hace mucho tiempo con la Comunidad de Madrid y en el mes de Junio decidimos que no íbamos a colaborar y no íbamos a hacer ningún número de horas extraordinarias. Lo decidimos para demostrar que los bomberos de la Comunidad de Madrid somos muy pocos, que estamos bajo mínimos y que el servicio se sustentaba sólo con horas extraordinarias y sólo solicitábamos que las ofertas de empleo que estaban previstas se cumpliesen. La administración lleva mucho tiempo diciendo que está negociando con nosotros y que va a llegar a un acuerdo, pero este no se produce.

Hoy se ha demostrado que no hay medios suficientes en la Comunidad de Madrid. Desde el quince de junio hasta ahora, todos los parques han estado por debajo de los mínimos y hoy se ha visto la situación: hay un fuego en Valdemaqueda y Robledo de Chavela con una situación muy grave. Cabe decir que, si se hubiese hecho lo que está marcado en el plan INFOMA (Plan de Protección Civil de Emergencias por Incendios Forestales, que se activa cada verano), que llevamos haciendo todos estos años, en Robledo de Chavela y en Valdemaqueda habría dos retenes. Esos dos retenes estarían en el monte y, en caso de que hubiera un conato de incendio podrían extinguirlo; en este caso no había retenes y han tenido que acudir desde Aldea del Fresno, San Martín de Valdeiglesias y El Escorial, es decir: 25 minutos de camión hasta que se llega al lugar.

Aunque el incendio sea provocado, que todavía no se sabe, está claro que si un pirómano quiere quemar algo lo quema en el sitio donde no hay protección; protección que normalmente sí que había y que este año no hay debido a la irresponsabilidad del director general de protección ciudadana (José Antonio Pérez Sánchez) y de la jefa del Cuerpo de Bomberos (Pilar Hernán Martín). La jefa del Cuerpo de Bomberos se atreve a decir que no era necesario un modelo que había funcionado bien hasta este año y que ha permitido que se hayan quemado muy pocas hectáreas en años anteriores. Según la jefa del cuerpo de Bomberos no era necesario que los Puestos de Incendio Forestal estuvieran en el monte porque los helicópteros llegan en 10 minutos al lugar. La realidad es que un helicóptero tarda 10 minutos en levantarse, que la orografía de la Comunidad de Madrid está llena de urbanizaciones en las que los helicópteros no pueden trabajar y que, cuando llega esta hora (las 20:30 horas) los helicópteros no pueden volar. Si no tenemos medios terrestres, es imposible que se pueda hacer bien.

Aparte de los recortes, el cuerpo de bomberos siempre ha sido muy combativo y yo creo que nos tienen un poco de ganas. Somos muy bien vistos por parte de la población e intentan hacer todo el daño posible de cara a la opinión pública.

¿Qué estáis decidiendo en esta asamblea?

Se había decidido en un referéndum que no se iban a hacer colaboraciones y, ahora,  había que convocar una asamblea porque la situación es muy grave y lo más importante en estos momentos son los ciudadanos de la Comunidad de Madrid. Lo más importante son los medios naturales y materiales… para lo que estamos los bomberos, vamos, para los ciudadanos.

Dado que la gran mayoría de los parques de la Comunidad de Madrid están vacíos porque los bomberos están ahí arriba trabajando, hemos decidido poner un paréntesis en nuestro conflicto, con el que vamos a seguir, pero nos vamos a incorporar en estos momentos en los parques de bomberos. Nos vamos a poner a disposición del director general para que nos utilice si considera que tiene que utilizarnos. En este momento, ha pedido ayuda exterior a la Unidad Militar de Emergencias, a la Brigadas de Refuerzo de Incendios Forestales y al Ayuntamiento de Madrid y, sin embargo, a los bomberos que conocen la zona y el trabajo de los municipios afectados no nos ha pedido ayuda. Nosotros nos vamos a poner a disposición, más que del director general, de los ciudadanos de la Comunidad de Madrid.

¿Cuáles son las consecuencias de la escasez de medios?

Hemos tenido dos ruedas de prensa y hemos manifestado que los ciudadanos pueden estar en peligro. Habíamos dicho que lo está pasando en la zona noroeste de la Comunidad de Madrid podía pasar y ha pasado. No es algo que nos pille de sorpresa a los bomberos, ni a los políticos. Sabían que podía pasar pero han jugado con la suerte y les ha salido mal. Los políticos no pueden jugar con la suerte y menos en este servicio que tiene que ser de prevención y, después, de extinción.

La Comunidad de Madrid argumenta que ha cumplido con lo pactado.

Eso es mentira. Tienen mucho desconocimiento. La consejera (Regina Plañiol) tiene un conocimiento pésimo y está muy mal asesorada por un viceconsejero que es el que tiene que saber y no sabe si los bomberos son funcionarios, son laborales o son de empresa privada. Llegan a confundir el término absentismo, que es que alguien no va a su puesto de trabajo. Cuando alguien decide no hacer horas extraordinarias no es absentismo. El viceconsejero confunde todas esas cosas.

La razón por la que nos atacan ahora, aparte de los recortes, es porque el cuerpo de bomberos siempre ha sido muy combativo y yo creo que nos tienen un poco de ganas. Somos muy bien vistos por parte de la población e intentan hacer todo el daño posible de cara a la opinión pública.

¿Por qué decidís volver a hacer horas extras?

Lo primero es ayudar a los compañeros que están arriba, porque muchos llevan trabajando desde las 12 de la mañana y es un trabajo muy duro, permitir que haya relevos en el siniestro y llenar todos los parques de la Comunidad de Madrid para que, si hay cualquier siniestro, los ciudadanos puedan estar atendidos.

¿Qué opinas sobre un endurecimiento en las penas hacia quienes provoquen los incendios?

Creo que al final se queda en nada. Llevan mucho tiempo diciéndolo, pero al final resulta que las zonas que se queman se sigue vendiendo la madera a las madereras, las zonas que se queman se acaban convirtiendo en urbanizaciones. No se hace una protección como se debería de hacer, lo primero que se debería hacer es proteger las zonas que se están quemando y, evidentemente, que el peso de la ley caiga sobre las personas que originen los siniestros.

Quiero añadir que hemos presentado una querella contra el director general por prevaricación. Estábamos viendo que los parques estaban bajo mínimos.

 

En el momento en el que termina la entrevista, sobrevuela el parque un helicóptero del 112 y Pedro Campos se reafirma: “¿Lo ves? Los helicópteros ya están volviendo, por eso tenemos que estar ahí arriba”.

La intervención de Mariano Rajoy en el plenario de Río+20 comenzó accidentada. Tras ser llamado al estrado como primer ministro de las Islas Salomon, Rajoy se dirigió al resto de jefes de Estado para explicar la postura de España en Río+20. Tras una breve referencia a los objetivos de la cumbre relacionados con la reducción de la pobreza, avances hacia la inclusion social y la protección del medio ambiente, Rajoy guiña un ojo a la prima: “Juntos, no como supuestos deudores o acreedores de oscuros conceptos, si no como socios”.

El discurso de Rajoy estuvo plagado de referencias al papel del medioambiente como proveedor de recursos para el ser humano y como parte importante de la actividad económica. En este sentido, Rajoy destacó que “el medio ambiente solo podrá preservarse si incorporamos su valor económico a nuestras decisiones como gobernantes”. El presidente también señaló que “lo que no sea viable desde el punto de vista económico no podrá sostenerse y lo que no sea sostenible medioambientalmente no será útil económicamente”.

Por otra parte, ha culpado al crecimiento de la población de los presión sobre el entorno. Es en este punto en el que Rajoy ha especificado que el título bajo el que se ha convocado esta cumbre es el de economía verde y que este concepto debe “aunar la protección ambiental con una dimensión social, inclusiva y generadora de empleos”. Rajoy ha acertado al señalar que en el título de la conferencia se incluye el término “economía verde”. Sin embargo, este término ha quedado diluido en el texto final su inclusión es una cuestión más de forma que de contenido. El propio jefe de las negociaciones brasileño, Luiz Alberto Figuereido, destacaba que “el mayor problema ha sido que el concepto de economía verde no está claro”.

A continuación, el presidente se ha referido a tres grandes retos incluidos en el texto final y que deben ser acometidos: la eficiencia de sistemas productivos que permitan reducir el uso de recursos, el fomento del uso sostenible de los recursos pesqueros y la promoción de las energías renovables.

En el texto final, la promoción de la economía verde y la creación de mecanismos que permitan coordinar los esfuerzos en materia de mejorar la eficiencia en el uso de recursos ha  quedado muy mermada. La propuesta para crear una Agencia Mundial del Medioambiente, que funcionara como un organismo coordinador de políticas y acciones concretas ha derivado en un reforzamiento abstracto del actual Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

El párrafo que abordaba la protección de biodiversidad en aguas internacionales ha quedado reducido a una llamada a atender el problema en lugar de instaurar la figura de reservas marinas que se proponía en un principio.

El Gobierno paralizó en Enero las primas a lasrenovables y ha situado al sector en una situación de estancamiento que no tiene visos de mejorar.

Incluso cuando el presidente se refiere a la reducción de la pobreza extrema, sin duda un gran objetivo, no menciona el recorte que han sufrido los fondos de ayuda al desarrollo.

En el discurso de Mariano Rajoy se dibujan grandes conceptos, pero faltan propuestas de medidas concretas que lleven a su consecución y permitan abordar los problemas a los que se refiere de manera efectiva. Asimismo, la falta de compromisos en la declaración final pone de manifiesto la falta de perspectivas hacia el tan ansiado, y mencionado estos días, desarrollo sostenible.

Discurso de Rajoy en el plenario de Río+20

Son las 20:30 en Río, las 01:30 en España. Ahora la sala de prensa está tranquila, después de una tarde de bullicio tras la aprobación del texto de Río+20. Tras un día de pasillos, entrevistas, ruedas de prensa y mala comida aprovecho para sentarme y mirar las noticias de lo que pasa en España. Leo la información del Telegraph, abro el Guardian y me informo por viejos y nuevos medios españoles. Se avecina el desastre, dicen, y lo dicen con razón. En la cumbre y en la ciudad sólo hace falta decir que eres de España para que el interlocutor te conteste: “Si que os están jodiendo bien” o “I´ve heard that the financials are going worst in Spain”. Entonces miras las favelas y no entiendes nada. “Os están jodiendo bien” y en Río+20 se aprueba una broma de acuerdo que no lleva a ningún lado. Si está tan claro que las cosas no van mal por sí solas, que “nos están jodiendo bien”, por qué no se toman medidas para arreglarlas. No nos merecemos los políticos que tenemos, ni en España, ni en el mundo. Mientras, en el centro de medios, los periodistas trabajan en silencio, escriben la crónica de una cumbre que empieza mañana.